Leer es un vicio solitario que se puede compartir.

Tengo otros pero suenan menos adecuados.

Notas de cata: Nancy Mitford, Thomas Hardy, Terry Pratchett, Régis de Sá Moreira, Jane Austen, Alan Bradley.


Como cada mes, he alternado narrativa clásica y contemporánea, realismo y fantasía, y este es el resultado del combinado resultante. 



NO SE LO DIGAS A ALFRED. Nancy Mitford
Sofisticada comedia de enredo que recupera personajes de las anteriores novelas de Mitford, años después de sus divertidas desventuras. Desenvuelta en su crítica de la alta sociedad británica y francesa de la época, elegantemente ligera,, se lee con fluidez y despierta la sonrisa una y otra vez, a pesar de lo cual se deja notar cierta falta de frescura con respecto a las precedentes, algo en cierto modo lógico.



JUDE EL OSCURO. Thomas Hardy

Crónica de amores y desamores y de una sociedad lastrada por el peso de una moral viciada por el convencionalismo y la hipocresía. De fuerte carga crítica y profundidad en el tratamiento de los personajes, no hay un ápice de humor con que paliar el dramatismo de la historia, a pesar de lo cual no resulta lacrimógena. Una buena manera de ahondar en Hardy, de quien tengo mucho por conocer todavía.

El librero, de Régis de Sá Moreira

Editorial Demipage, 2013.
Título original: Le libraire.
Traducción: Sofía Rhei

A miles de kilómetros del lugar donde te encuentras, en un país, en una ciudad, en una librería, un librero ocupa sus días en leer y releer todos sus libros. De vez en cuando algún cliente lo abstrae de su tarea y le pide algún libro extraño, "donde todo suceda en un bosque", por ejemplo, "no aparezca ningún aparato electrónico" o "se repita continuamente la palabra indulgencia"
La librería abre ininterrumpidamente los siete días de la semana y se permite la entrada a todo el mundo, incluso a las parejas de enamorados y a los grupos de más de dos personas, aunque son especialmente bienvenidos los fumadores y los solitarios.
El principal lema de su excéntrico regente es "no vender basura". ¿Y quién es él para decidir qué es y qué no es basura?, le preguntan algunos clientes. Pues, precisamente, es el librero y con eso le basta. Y el único método eficaz que conoce para asegurarse de "no vender basura" es leerse todos los libros de sus atestadas estanterías
.


Este es uno de esos libros que cayó en mis manos por un impulso. Desconocía el autor, la editorial, todo lo que lo rodeaba. Simplemente lo vi en el estante de las novedades, con esa portada tan sencilla y poco reveladora. Tan sólo el título llamaba la atención, al menos para quienes, como yo, se ven empujados hacia cualquier texto que mencione los libros y lo que con ellos se relaciona. Luego leí la contraportada. Se me quedó pegado. Tuve que llevármelo.

Empecé a leerlo con una pizca de temor, pensé que quizá esperaba demasiado y que me decepcionaría de algún modo. No lo hizo. El estrafalario librero que protagoniza esta historia de tintes surrealistas me cautivó. Escrita con engañosa sencillez, esta corta novela resulta tierna, simpática y evocadora. Hay una atmósfera de irrealidad que la envuelve de principio a fin y que lleva a la sonrisa, socarrona en ocasiones y conmovida en otras. El amor a los libros, a las palabras, se respira en cada línea. La soledad, también. Esa soledad que todos llevamos dentro, que a veces nos envuelve como una capa protectora para mantener el dolor del mundo lejos de nosotros. La vida se sucede en una serie de anécdotas cuyo significado a veces resulta esquivo y la realidad, a veces, se confunde con el sueño. Las soledades de los personajes se encuentran, se entrecruzan, se separan.

Fábula sobre los libros y sobre la soledad, engañosamente sencilla, metafórica, tierna, riente y cautivadora, que hay que leer con todos los sentidos. Una mezcla de las que me llega al corazón para quedarse ahí guardada, reposando y macerando.

Página tras página permanecí absorta, deseando conocer más de ese librero sin nombre y, al mismo tiempo, temiendo terminar con esta pequeña delicia que me estaba fascinando tanto. Al llegar al final, un ligero sentimiento de desolación mezclado con entusiasmo. Sé que volveré a leerlo, he de hacerlo. Creo que se me han escapado matices que tengo que recuperar. Mientras tanto, mis impresiones son más que buenas. Por eso tengo que compartirlo 


Notas de cata: Jo Walton, Sarah Waters, Alexandre Dumas, W.M. Thackeray, Elizabeth Gaskell, Karen Lord, Terry Pratchett, Alan Bennett.

Este mes ha sido predominantemente decimonónico, pues varios de los libros que he leído (o comenzado a leer, pues aún tengo uno a medias) estaban escritos o transcurrían en el siglo XIX. Por eso cuando finalizaba el mes decidí dar un salto hacia otras perspectivas completamente diferentes. Creo que han sido buenas elecciones.



ENTRE EXTRAÑOS. Jo Walton

La lectura de esta historia de fantasía, de iniciación y, sobre todo, de amor a los libros me ha tenido fascinada. En parte, porque me he sentido identificada con la protagonista en más de un momento  pero, además, me gusta cómo está escrito, la manera que tiene de contar y esconder y dejar apenas entrever, de narrar elusivamente, de llenar las palabras con sentimientos sin ser sentimental, de llenar de magia lo cotidiano y hacer cotidiana la magia... y por el retrato que hace de la protagonista y de los personajes a su alrededor, de ese grupo de biblioadictos al que me gustaría haber pertenecido. Me ha parecido brillante.

FALSA IDENTIDAD. Sarah Waters

Situada en la Inglaterra del s. XIX y llena de reminiscencias a Dickens y Collins, la novela crea una intriga a base de dobleces que la envuelven en ambigüedad de principio a fin. El juego de engaños de sus protagonistas atrapa la curiosidad, aunque a medida que evoluciona la trama se va retorciendo de forma algo excesiva hasta llegar a un clímax final algo decepcionante. Con todo, es una lectura entretenida para animar una fría tarde en invierno. 

Recién llegados: Mr. Gwyn, de Alessandro Baricco, y Dos historias nada decentes, de Alan Bennett


Mr. Gwyn. Alessandro Baricco.

Ed. Anagrama, 2012
Título original: Mr. Gwyn (2011)

Es una querencia irremediable. No puedo ver un libro sobre libros, librerías, lectores o escritores sin que me pique el gusanillo de la curiosidad y esta es una de esas veces en que no he podido resistirme. Una novela en la que el punto de partida es un escritor que decide dejar de escribir. ¿Es posible que quien tiene alma de escritor pueda romper con ella voluntaria y definitivamente? ¿Qué motivos pueden llevar a hacerlo? Aunque sólo fuera por intentar responderme a esas preguntas, tenía que leerlo. Luego, por añadidura, estaba el autor. Baricco me enamoró en Seda (como a millares de lectores, supongo), a pesar de lo cual no he vuelto a leer un libro suyo. No por falta de ganas, pues he visto varios títulos que me resultan apetecibles. Por alguna razón, sin embargo, siempre he ido relegándolos por detrás de otras lecturas que me surgían, caóticas casi siempre. Esta vez he procurado dejarlo en la parte de arriba del montón para no tardar en disfrutarlo.


Dos historias nada decentes. Alan Bennett
Ed. Anagrama, 2013.
Título original: Smut. Two Unseemly Stories (2011)

Autor virtualmente desconocido para mí (hasta ahora tan sólo he leído sobre él), será la primera obra suya que explore. Ojeé hace tiempo La dama de la camioneta y Una lectora nada común, pero no me tentaron lo suficiente como para salir de la librería con ellos. Curioso, dada mi atracción por el humor, la ironía y la sátira. Por eso en esta ocasión he decidido darme una oportunidad con Bennett y estos dos relatos. Confío en que de aquí salga, al menos, una agradable amistad.   

Punto de lectura: mansamente, en una ciudad francesa...


Este punto de lectura vino conmigo de uno de mis veranos por Francia, concretamente de un mercadillo de artesanía junto al Vieux Port de La Rochelle, ciudad marítima de la costa atlántica que no me canso de visitar. El placer de desayunar en una de las terracitas frente al puerto no tiene precio. 



A pesar de su estética naïf, viniendo de donde viene, no pude sino dejarlo marcando los versos de un poeta también francés. Probablemente es el poema más famoso de Verlaine:

Il pleut doucement en ville.
ARTHUR RIMBAUD
Il pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur?

Ô bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits!
Pour un coeur qui s'ennuie,
Ô le chant de la pluie!

Il pleure sans raison
Dans ce coeur qui s'écoeure.
Quoi! nulle trahison?…
Ce deuil est sans raison.

C'est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi,
Sans amour et sans haine,
Mon coeur a tant de peine!
*****
Llueve mansamente en la ciudad
ARTHUR RIMBAUD
Llora en mi corazón
como llueve en la ciudad;
¿qué languidez es ésa
que penetra en mi corazón?

¡Oh, ruido suave de la lluvia
en la tierra y en los tejados!
Para un corazón que se aburre
¡el canto de la lluvia!

Llora sin razón
en este corazón que se revuelve.
¡Qué! ¿Ninguna traición?…
Ese luto es sin razón.

¡Es pues la peor pena
no saber por qué,
sin amor y sin odio,
mi corazón siente tanta pena!

De “Romanzas sin palabras” (1875)

La traducción del poema es de Carmen Morales y Claude Dubois para la edición bilingüe de Nórdica Libros (2008), la cual me gusta mucho más que la de mi pequeño volumen de los Clásicos Universales Planeta (1992) aunque he mantenido el encabezamiento no tanto por capricho como porque la sonoridad del “mansamente” me resulta más evocadora. 

Punto de lecturas: exquisita delicadeza oriental


Etéreas y elegantes, estas flores llegaron desde China con manos amigas, muy amigas, para alegrarme la vista hace tres años. La misma elegancia tienen los poemas de Emily Dickinson que hoy señala este marcapáginas, pertenecientes a la antología bilingüe de  Ediciones Cátedra, subrayados y anotados y con las páginas sobadas de tanto releerlos. Los dos que reproduzco aquí se cuentan entre mis favoritos.



‘Tis not that Dying hurts us so – 
‘Tis Living – hurts us more – 
But Dying – is a different way – 
A Kind behind the Door – 

The Southern Custom – of the Bird – 
That ere the Frosts are due – 
Accepts a better latitude – 
We – are the Birds – that stay. 

The Shiverers round Farmers’ door – 
For whose reluctant Crumb – 
We stipulate – till pitying Snows 
Persuade our Feathers Home. 

***
I hide myself within my flower, 
That wearing on your breast, 
You, unsuspecting, wear me too – 
And angels know the rest 

I hide myself within my flower, 
That, fading from your vase, 
You, unsuspecting, feel for me 
Almost a loneliness.

Recién llegado: "El mejor de los mundos posibles", de Karen Lord.

RBA Editores, 2013.

Título original: The best of all possible worlds (2013)
La ciencia ficción no es uno de los géneros que más he visitado en mis lecturas y menos si se trata de la más científica o estricta. Siempre me he inclinado más por la faceta humanística o aventurera del género, la investigación antropológica más que la tecnológica, la intriga antes que las matemáticas. He disfrutado con utopías y distopías y con la exploración de nuevos mundos y, en su momento, me apasioné con Orson Scott Card, Ursula K. Le Guin o Lois McMaster Bujold, entre otros. Hace pocas semanas descubrí este libro, de una autora para mí desconocida (es el primero traducido en España, aunque su primera novela fue premiada con el William L. Crawford y quedó finalista del World Fantasy en 2011) y que, en la contraportada, comparan con Le Guin precisamente.
Por lo general detesto las comparaciones que las reseñas hacen de escritores nuevos (o no tan nuevos) con otros ya clásicos, pero en esta ocasión me dejé llevar. Después de todo, aquí se limitan a comentar de Karen Lord  que “es una de las voces más interesantes de la literatura fantástica contemporánea que está en la línea de autoras de la talla de Ursula K. Le Guin o Nalo Hopkinson”.
La historia se sitúa en un futuro universo en que la humanidad está extendida por el espacio, diversificada en varias sociedades y culturas. Tras la destrucción de un planeta, los supervivientes de éste son acogidos por un mundo extraño para ellos, donde tendrán que convivir a su pesar. Esta premisa ya me atrajo. Y aquí está el libro. Abriéndome las hojas para que entre en ellas.

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