
Hoy se acomoda entre las páginas de "Paladín de almas", de Lois McMaster Bujold, libro fantástico que obtuvo los premios Hugo y Locus en el año 2004 y que está entre mis indelebles. Entre las páginas 2 y 3, concretamente, para atraer la atención sobre unos párrafos concretos:
“Y así
por fin estoy sola.
Ista reflexionó sobre los espacios vacíos de
dicha soledad, sobre su terrible coste. Marido, padre, hijo y madre. Todos
habían partido hacia la tumba antes que ella, cuando les había llegado la hora.
Su hija había sido reclamada por la royeza de Chalion, en un abrazo tan fuerte
como el de la tumba, y era tan poco probable que volviera de ese alto lugar,
los cinco dioses mediante, como que los otros volvieran del suyo tan profundo.
Con toda seguridad
estoy acabada. Ya había completado todos los
deberes que la habían definido. Una vez, había sido la hija de sus padres.
Luego, la esposa del grande y desafortunado Ias. La madre de sus hijos. Al
final, la guardiana de su madre. Bueno,
ya no soy ninguna de esas cosas.
¿Qué soy
cuando no estoy rodeada por las paredes de mi vida? ¿Cuándo todas ellas se han
derrumbado y son polvo y escombros?
Bueno, seguía siendo la asesina de lord de
Lutez. La última de esa pequeña y secreta compañía que seguía con vida, ahora.
Se había convertido en eso por sí
misma, y eso seguía siendo.
Volvió a asomarse entre los merlones, y la
piedra raspó las mangas de color lavanda de su vestido de luto cortesano,
agarrándose a las hebras de seda. Sus ojos recorrieron la carretera a la luz de
la mañana, empezando por las losas que había bajo ella y siguiendo colina
abajo, atravesando la ciudad, cruzando el río… ¿hasta dónde? Todas las
carreteras eran una carretera, eso decían. Una gran red que recorría la tierra,
separándose y uniéndose. Todas las carreteras tenían dos sentidos. Eso decían. Yo quiero una carretera sin retorno.”
¿Invita a reflexionar?