Leer es un vicio solitario que se puede compartir.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Punto de lectura: desde las antípodas hacia la incertidumbre

De los marcapáginas viajeros, éste es el que ha llegado de más lejos: vino desde Auckland, Nueva Zelanda, en el verano de 2006, bien guardadito en la maleta de mi hermana para acabar entre la jungla de libros que abarrotan las estanterías de mi estudio.
Hoy se acomoda entre las páginas de "Paladín de almas", de Lois McMaster Bujold, libro fantástico que obtuvo los premios Hugo y Locus en el año 2004 y que está entre mis indelebles. Entre las páginas 2 y 3, concretamente, para atraer la atención sobre unos párrafos concretos:
 
 
Y así por fin estoy sola.
Ista reflexionó sobre los espacios vacíos de dicha soledad, sobre su terrible coste. Marido, padre, hijo y madre. Todos habían partido hacia la tumba antes que ella, cuando les había llegado la hora. Su hija había sido reclamada por la royeza de Chalion, en un abrazo tan fuerte como el de la tumba, y era tan poco probable que volviera de ese alto lugar, los cinco dioses mediante, como que los otros volvieran del suyo tan profundo.
Con toda seguridad estoy acabada. Ya había completado todos los deberes que la habían definido. Una vez, había sido la hija de sus padres. Luego, la esposa del grande y desafortunado Ias. La madre de sus hijos. Al final, la guardiana de su madre. Bueno, ya no soy ninguna de esas cosas.
¿Qué soy cuando no estoy rodeada por las paredes de mi vida? ¿Cuándo todas ellas se han derrumbado y son polvo y escombros?
Bueno, seguía siendo la asesina de lord de Lutez. La última de esa pequeña y secreta compañía que seguía con vida, ahora. Se había convertido en eso por sí misma, y eso seguía siendo.
Volvió a asomarse entre los merlones, y la piedra raspó las mangas de color lavanda de su vestido de luto cortesano, agarrándose a las hebras de seda. Sus ojos recorrieron la carretera a la luz de la mañana, empezando por las losas que había bajo ella y siguiendo colina abajo, atravesando la ciudad, cruzando el río… ¿hasta dónde? Todas las carreteras eran una carretera, eso decían. Una gran red que recorría la tierra, separándose y uniéndose. Todas las carreteras tenían dos sentidos. Eso decían. Yo quiero una carretera sin retorno.”

 
¿Invita a reflexionar?
 

2 comentarios:

  1. Qué preciosidad de punto de lectura!
    Me encanta, y el fragmento que pusiste me parece que tiene mucho entre líneas, me gusta
    Besos

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    Respuestas
    1. Y eso que la fotografía es muy mala (como la fotógrafa), jeje.
      Me alegra que te haya gustado el fragmento. Lo escogí por todo lo que supone.

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