Leer es un vicio solitario que se puede compartir.

jueves, 7 de enero de 2016

Notas de cata de diciembre

Estoy saboreando las lecturas con calma. No es tanto cuestión de tiempo disponible como de la forma de encogerlo y estirarlo para ver más allá, o a través, de él. Leo, releo, vuelvo a leer. Me extiendo en un pasaje, regreso a otro, intercalo páginas de otra lectura. Sin remordimiento alguno. Solo me recreo en el intenso placer. En las texturas suaves y en las crujientes, en el relleno dulce o en el punto picante. Me lo guardo un rato en la punta de la lengua, otro largo rato en el fondo del paladar. Esa frase tan críptica y, a la vez, con tanto significado. Ese párrafo oscuro. Esa estructura que te atrapa en su interior. La imagen evocadora de un mito. Incluso una simple, una sola palabra puede captar mi atención y entretenerme.
Así, un mes entero se resume en cuatro libros, una decena de relatos sueltos (comentados en las dos últimas jornadas de mi vuelta al año en cuentos) y algún ensayo o fragmento intercalado. Disfrutando del momento.

CRÓNICAS DE NUEVA YORK. Maeve Brennan.

Me he enamorado. Otra vez. Esta promiscuidad literaria es un tormento que me lleva de arrebato en arrebato. Solo leer la introducción de Isabel Núñez ya prometía, aun sin entrar en sus textos. ¿Que pudo ser la inspiradora del personaje de Holly Golighly? Ooooh… La zambullida en estas crónicas urbanas fue de cabeza y con los ojos muy abiertos, y mereció la pena con creces.
Las cincuenta y seis piezas que recoge el libro son otras tantas columnas que Brennan escribió para el New Yorker, en la sección The Talk of the Town, entre 1953 y 1968 (excepto las nueve últimas, posteriores). Columnas que recrean escenas de la calle con una plasticidad a veces deslumbrante, y es que, sin ser cuentos, se leen como relatos impresionistas de la vida neoyorkina de la época. Esa línea que cruza la sofisticación hacia la extravagancia en un viaje de ida y vuelta, hasta mezclarlas de tal forma que no se pueden distinguir. Aquí un brote de lo sórdido, ahora un destello de luz cálida, más tarde una sonrisa irónica y un toque enternecedor. Un combinado de elegancia y agudeza para tomar en pequeños tragos: qué otra cosa, un “Manhattan”.

Para maridar con: quienes gusten de mirar el mundo con ojos curiosos y saborear lo cotidiano.

STONER. John Williams.

Este ha sido un amor sereno, como el de la madurez. Ese que se vale de silencios para decir todo lo que uno desea saber. Ese que no grita y estalla, sino que te susurra suavemente en el oído hasta que tiemblas por entero con el aliento de su voz. Ese que, en vez de chisporrotear en un instante tan solo, ilumina con luz tenue pero constante de principio a fin. Ese que evita el revolcón rápido pero te acaricia, te acoge, te abraza hasta que no puedes desprenderte de la calidez de su abrigo. Ese amor sencillo que no devasta, solo te calienta.
Un hombre prosaico vive su vida prosaica. Esa es la historia. Sus prosaicas, pequeñas alegrías y tristezas contadas con precisión minuciosa y un engañoso clasicismo estructural. Como un canto a la simplicidad de las margaritas del campo y, a la vez, una mirada a través del microscopio, con una claridad que desarma. Prosaico viene de prosa y la prosa, a veces, tiene la fuerza de diez por su pureza.

Para maridar con: los que disfrutan con el buen hacer y con el buen sentir de las letras.   
    
*Esta es la última de las tres lecturas elegidas en el reto “Serendipia recomienda (2015)”, del blog Serendipia, de Mónica Gutiérrez.

LA SOMBRA Y OTROS RELATOS. Amalia Álvarez San Pedro.

Con diferentes temáticas y tratamientos, los veinte relatos aquí reunidos tienen en común la brevedad (el más largo ocupa diez páginas) y una percepción inquietante del momento. Desde el realismo cotidiano al espacio onírico en que todo es posible, la visión de la vida que nos traen está tocada por esa parte sombría que todos tenemos y que a veces contamina nuestros actos.
De escritura fluida y fácil lectura, se suceden como pequeños eslabones para formar un todo alrededor del hilo del tiempo. De fondo, como un leit-motiv, vibra una nota en sordina. Está en la melodía nocturna de “Fascinación”, en el desasosiego ante “La sombra” con reminiscencias de Poe, en la ambigua naturaleza de “Necesitamos plata”. Y mientras la escuchas, sin darte cuenta, has llegado al final.

Para maridar con: catadores de canapés literarios de sabores variados.

LA MALETA DE MI PADRE. Orhan Pamuk.

Tengo una relación pendiente con la ficción de Orhan Pamuk, pendiente y apremiante después de la lectura de las dos obras de carácter ensayístico y, a la vez, muy personal que han pasado por mis manos. Pero si en “El novelista ingenuo y el sentimental” trazaba una línea de comunicación entre lector y escritor, aquí la escritura y la memoria tienen un papel más íntimo. Lo biográfico, la emoción evocadora, el sentimiento y el concepto literarios, todo ello se une para llevarnos de la mano por el camino de la palabra escrita.   
Los tres discursos que conforman el volumen hablan de la relación del escritor con sus obras, cada uno desde una perspectiva diferente: el significado de la literatura en “La maleta de mi padre”, la literatura como medicina en “El autor implícito” y la postura política en “En Kars y en Frankfurt”; y los tres son estocadas de certera puntería. El primero, pronunciado al recibir el Premio Nobel de Literatura en 2006, es sobre todo un texto protagonizado por el amor: amor hacia su padre y de su padre hacia él pero, sobre todo, el amor por la literatura padecido por ambos.

Para maridar con: cualquier amante del poder de las palabras.

Y así terminé el 2015.

Y ya estoy degustando lecturas de este 2016… y promete. 

8 comentarios:

  1. Has terminado el año muy bien. Sólo con ver a Stoner ya se me hacen lucecitas en los ojos.

    Que el 2016 siga lleno de buenas lecturas. Y más.

    Un abrazo

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  2. Necesito el libro de Maeve Brennan, lo necesito ya :-)))
    Me alegro que coincidamos con "Stonner", aunque no podía ser de otra manera.
    Mira, querida, mejor no participes en el Reto Serendipia Recomienda, escribe la dirección de tu blog y ya está: para mí tu blog es todo el reto de "recomienda" porque leerte durante un año es llevarse casi 365 libros (o más). Tú eres mi recomienda. Besotes.

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  3. Esperando tus notas de cata, que siempre encuentro recomendaciones muy buenas de libros que ni conozco, ni tan siquiera me suenan. Biquiños!

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  4. Un buen maridaje! Tomo nota de tus catas, me apetece degustar la primera y la última.
    Besitos

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  5. Terminar una año así sólo puede augurar cosas buenas para el siguiente. Así que ya me voy frotando las manos esperando las catas que nos deparará 2016.
    Un beso y feliz año

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  6. Tengo en la estantería pendiente de turno a Stoner, y desde ya anotada queda en mi lista de "me lo pido" las "Crónicas de Nueva York".
    Que las catas de este 2016 no disminuyan de calidad y disfrute. Besos

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  7. Ha sido el postre, Ana, un muy buen final.

    Ja, ja, ja... Qué cosas tienes, Mónica. Brennan ha sido un flechazo y ya tengo material para continuar con nuestra relación (cuentos, cómo no, y prometen tiempos felices). Lo del reto de este año está ahí renqueando, pero me alegra que te gusten mis recomendaciones XD

    Eso suena reconfortante, Cris. A mí me encanta descubrir libros que no conozco, que de los conocidos ya se habla mucho, pero hay que catar un poco de todo, ¿verdad?

    El de Pamuk me ha encantado, Marga R., ha sido el cierre perfecto del mes y del año.

    Puedo adelantarte que el primer libro de este año y mes ha sido también muy satisfactorio, Marga B. ;-D

    Creía que tú ya habías pasado por Stoner, Cristina... pues no te lo pierdas.

    Besos y gracias por vuestra visita.

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  8. No imaginas la ilusión que me hace leer el nombre de Maeve Brennan. "De visita" fue un libro que me acompañó durante mi independencia. Ese transito de la vida comunitaria a otro tipo de vida...esa que eliges tú, o al menos, sientes que lo haces. Hace tiempo que quiero hablar de ella y de ese libro...y cada vez me la encuentro traducida más a menudo y me encanta que eso suceda...que los astros se conjuren para que esas pequeñas cosas sucedan.
    Gracias...porque Brennan escribe de una forma única.

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