Leer es un vicio solitario que se puede compartir.

lunes, 19 de noviembre de 2012

El infamante caso de la reseña asesina

Parecía una noche como cualquier otra, rutinaria y anodina, una noche de esas en que el tiempo se mide en goterones de silencio vertiéndose en átona cadencia.

Vagabundeaba sin rumbo, incapaz de combatir el hastío que tantas veces lo acosaba, como si nada le importara fuera de ese mero deambular. De tanto en tanto, se detenía en algún rincón que se le antojara menos sombrío, iniciaba tímidos escarceos que se frenaban tras el primer acercamiento, retomaba el errático paseo. Hasta que la vio en la entrada de aquel portal desconocido. Fue como un destello en el rabillo del ojo. Una sombra más entre el montón y, de repente, cobraba forma independiente destacando sobre el fondo plano.

Promisoria en su apariencia, lo atrajo sin remedio. Al aproximarse le pareció aún más intrigante. Sintió latir los primeros pulsos de la excitación. En una sola mirada, comprendió que estaba hecha para su placer; tenía que ser suya. Una sonrisa sesgada despuntó en la comisura de sus labios mientras avanzaba hacia ella.
El ataque sobrevino de pronto, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Cayó sobre ella veloz y letal, como el hachazo de un verdugo, destrozándola en un momento, y él se quedó paralizado ante la carnicería.
¾No me dejes ir¾ le pareció que murmuraba todavía.

El lector vaciló. La lectura yacía moribunda frente a él, sangraba palabras por cada herida, se desmenuzaba poco a poco mientras él se limitaba a contemplarla con impotencia. Y a su lado se erguía la reseña, llena de un orgullo teñido de ingenuidad pues, en su sonrisa, en vez del desafío que esperaba, algo hacía pensar que no era del todo consciente de lo que había hecho.

Finalmente el lector dio media vuelta y se alejó cabizbajo, en busca de alguna lectura intacta.

Extracto del “Diario de las Letras Impuras”, sección “Acontecimientos de la rue”:

“¡Un destripador anda suelto!
Anoche, otra lectura fue cruelmente degollada y echada a perder ante los ojos aterrados de un potencial lector. ‘Han matado a mi lectura’, declaró éste al ser interrogado durante la investigación de los hechos. ‘He perdido mi oportunidad’. Con éste ya son varios los crímenes cometidos contra los libros sin leer, en estos últimos días, por lo que parece obvio suponer que se trata de uno o varios asesinos en serie.

Aconsejamos, por tanto, a nuestros clientes evitar las zonas umbrías o, al menos, salir corriendo a la menor señal amenazadora.

Este pequeño atentado contra el relato policial viene a colación de una presunta reseña que encontré hace un par de días en internet, hiperespacio multidimensional donde los haya en el que todo cabe, desde pequeños planetas que respiran vida hasta meteoritos desatinados que te aplastan a traición. Fue uno de estos el que impactó contra mí con tal fuerza que estuvo a punto de hacerme saltar las lágrimas. Entraba en la órbita de una página sobre libros, intrigada, cuando el título de uno me llamó la atención. Supongamos que fuera “El cultivador de historias”, por decir algo. Debajo de la imagen de la portada, de un simpático estilo naïf, el creador de la página reseñaba la novela y, hambrienta de novedades, comencé a leer lo que, esperaba, me daría una impresión general de la novela.

“El protagonista, un hombre de cuarenta y tantos años que vive solo porque su novia de toda la vida lo abandonó porque él no parecía decidido a casarse y formar una familia, como a ella le hubiera gustado, trabaja en la biblioteca de un pequeño pueblo de la Inglaterra rural de los años 80 y está obsesionado con los libros pues, incluso en su tiempo libre, no se dedica a otra cosa que leer y catalogar sus libros y sueña con escribir una novela inolvidable, pero nunca se termina de poner a ello.”

Aquí no tuve más remedio que detenerme a respirar, aunque no estaba leyendo en alto. Era prodigiosa la capacidad de descripción de toda una premisa de una historia en una sola frase. Lástima que resultara tan larga. Entonces, pobre incauta, continué leyendo con la esperanza de encontrar alguna opinión del entusiasta comentarista que me conmoviera.

“Me decepcionó descubrir que, aunque me gustaría que al final hubiera escrito su novela y fuera un gran éxito, acaba siendo un fracasado igual que al principio.” ¾¡¡¡Aaaaarrrrrrrggggg!!!¾ “Y la chica a la que ayuda a huir después de haber robado la recaudación de la caja del supermercado en el que trabajaba, por rencor a su jefe que la había dejado embarazada, termina suicidándose en vez de enamorarse de él.” ¾¡Maldición!¾ “Si él hubiera escrito su novela sobre eso, habría sido un final muy original. Un libro sobre un hombre que escribe un libro. La última escena, en la que él se levanta como todos los días para ir a trabajar a la biblioteca, en medio de la lluvia, es tristísima.” ¾Oh, qué portento de síntesis homicida¾. “Está muy bien escrita. Hay muchas referencias literarias a muchos otros libros de varios autores y, como está llena de notas a pie de página, no te pierdes ninguna.” (Perdona, ¿decías algo?) “En resumen: te recomiendo leerlo.” ¾Eeeeh, en otro momento, si acaso, preferiblemente después de un golpe en la cabeza que me haga perder la memoria¾.


Este no es un caso aislado. Por el contrario, la infamia se generaliza hasta cotas espeluznantes por mor de una generosidad lectora mal entendida. Algunos no reseñan los libros: les practican una vivisección. He leído reseñas que, como la anterior, parecían perpetradas con alevosía. Hay algo equivocado en una técnica de captación del interés basada en describir los entresijos de la historia y no precisamente a grandes rasgos.

La lectura es un acto sensual y presentar un libro tiene que despertar las sensaciones, no hacerlas tambalear. Lección de erotismo lector: en el reclamo, resulta más sugerente quien oculta y promete a quien todo lo enseña. Un poco de misterio siempre nos atrae.
Conviene dejar los análisis para las clases y los grupos de lectura: si intentas escribir una reseña, no puedes hacer un resumen del argumento que destripe la historia como quien eviscera un pato. “Idea general” y “sinopsis” son absolutamente opuestos a “con todo detalle”. Expláyate hablando del estilo, si quieres; del ritmo, de la expresividad del lenguaje o de la épica de la historia… Opina, cuenta tus impresiones y ofrece una visión general, pero descarta describir la lectura con pelos y señales o te convertirás en otro asesino infame e infamante.

1 comentario:

  1. Qué bueno, cuánta razón tienes... No se dan cuenta de que con tantos detalles consiguen el efecto contrario, es decir, saturarte y quitarte las ganas de leer el libro, es mejor dejar la puerta abierta a la imaginagición.
    Y que lo diga yo precisamente... jjajjaaja

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