Leer es un vicio solitario que se puede compartir.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Primeras impresiones

¿No os ocurre a vosotros, a veces, que sólo con un vistazo a un título o una portada la mente se os llena de imágenes evocadoras? Y una especie de vocecilla sorda murmura desde algún recoveco: "éste, éste, coge éste"… Hay un encanto especial en la combinación de ciertas palabras, que encajan como las piezas de un minucioso engranaje y te atraen de forma irremediable hacia ellas. Escritores y editores lo saben bien y lo aprovechan, en ocasiones, para captar la atención. Cuánto talento tienen algunos para elegir títulos llamativos... y cómo nos decepciona el contenido, a veces, después de habernos embrujado por fuera.

Seguro que os ha pasado. Te quedas fascinada mirando esa cubierta verdegrís con un sauce llorón de trazos impresionistas que se fusiona con una corriente plateada bajo la cual lees en un verde más musgoso, algo desdibujado: "Mira mi alma, un remanso de lágrimas"; o aquella otra, más minimalista, en la que las letras de un blanco perlado con tipografía posmoderna parecen relucir sobre el fondo azul noche como estrellas desmadradas: "Pálpito". Y, si te entretienes en ojear la contraportada o la solapa, en la sinopsis o los extractos de las críticas lo rematan: <<Con la lírica prosa de un haiku, Kata Marana esboza una bella historia de amor y desdicha>>, <<Si te gustó "La dulce fragancia de los naranjos en flor bajo el rocío del alba", disfrutarás con esta poética novela>>, <<Tu corazón llorará y cantará con esta historia que no podrás olvidar>>, <<El descubrimiento de un nuevo clásico de la literatura: a caballo entre Thomas Pynchon y Phillip Roth, esta primera novela brillará en el firmamento de los grandes autores>>, <<La agudeza psicológica de Phylo Pony te arrastrará al abismo de lo inexpugnable>>... Y la tentación deviene en pecado inevitable: te lo llevas. Luego, como es lógico, lo lees.


Ni siquiera has terminado el libro cuando estás arrepintiéndote de haberte dejado llevar por aquel entusiasmo inducido. A veces, incluso te golpeas la cabeza contra la pared durante el primer capítulo. Es puro bluf. Mucho glaseado en la cobertura y un pastel inconsistente debajo. La vida del joven Kai, que lucha desde su infancia por obtener el cariño y la aprobación de su desapegada madre, que no se recuperó nunca de la depresión pos-parto diecisiete años atrás, te trae francamente al pairo; sobre todo porque, tal como anunciaba la reseña, está esbozada apenas. Si hay alma, no está en esta novela. Y la odisea interior de un viejo investigador periodístico que, en la búsqueda de su juventud perdida, rememora sus andanzas tragicómicas te deja más fría que un filete de panga congelado. ¿Flujo de pensamiento? ¡Eso es incontinencia en cascada y te estás ahogando! Así que decides no volver a caer en el engaño de lo superficial.... aunque sabes que caerás. Sí. Volverás a hacerlo.

Bien, de acuerdo, no siempre es así. En ocasiones el libro cumple sus promesas, con mayor o menor holgura, y la decepción no es tanta o no hay ninguna. Cuando los deberes están hechos, sobre todo si están bien hechos, un título seductor te lleva a un comienzo que te engancha y acabas abrazada a la historia como un Shiva de seis brazos, sintiendo que las palabras te están haciendo el amor. Entonces, merece la pena.

"Reflejos en un ojo dorado", "La balada del Café Triste", "Viaje al fin de la noche", "En busca del tiempo perdido", "Una temporada en el infierno", "Mientras agonizo", "El poder y la gloria", "Un tranvía llamado deseo" o, incluso, "Mi familia y otros animales" siembran en tu mente una idea más o menos vaga de lo que encontrarás dentro de esas tapas. Se me está ocurriendo un juego, quizá dos:
1) Títulos de libros que te hayan fascinado (¿por qué?) y: a) si ha cumplido las expectativas o no y b) qué esperábais.

2) Títulos ficticios para libros imaginarios, lo cual se puede hacer: a) primero se escribe el título y luego se recrea el argumento, o b) tras inventar la historia se le da título. 

También son prometedoras (o atolondradamente falsas) las primeras frases de los libros. Ya sabéis. Después de haber dejado atrás el título, la dedicatoria, algún preámbulo ensalzador de la obra y, quizá, alguna cita que al autor le inspiró (o que no tiene absolutamente nada que ver, lo cual no es un caso raro), pasas la página y, transida de expectación, te vuelcas en el verdadero inicio de la lectura:
<<El verano en que cumplió quince años, Melanie descubrió que estaba hecha de carne y sangre>>.

Y entonces te detienes, durante un instante, mientras tu mente paladea la frase y decide cómo continuará adelante, dispuesta a empaparse de las palabras que alambican la historia o dejándolas resbalar sin aprecio, impávida ante su poder de convicción más bien escaso. A veces depende de todo el primer párrafo, una cuidada arquitectura destinada a que te refugies en su interior. De cualquier modo, si en el primer punto y aparte no te ha agarrado por las orejas, es que algo falla. 

<<Estaba buscando un sitio tranquilo para morir.>>, <<Anoche soñé que volvía a Manderley.>>, <<En el pueblo había dos mudos, y siempre estaban juntos.>>, <<Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.>>, <<Caía la nieve sobre la Ribera, grandes borlas blancas que velaban las grietas en las fachadas de sus casas en ruinas (...)>>, <<Sé sabio, oh mi dolor, y mantente más tranquilo>>.  Pueden ser evocadores o crudos, sutiles o contundentes; una simple gota, una corriente, un géiser. Pero siempre tienen que cogerte de la mano para arrastrarte en el paseo por el resto de las páginas.

No hace falta que tengan encajes ni bordados para resultar eficaces. Hay libros maravillosos que empiezan de puntillas y van cogiendo carrerilla a medida que avanzan párrafo a párrafo, capítulo a capítulo, y a veces te preguntas qué te mordió en el cuello para desplomarte de esa manera si (rápido ajetreo de los dedos entre las páginas para regresar a la primera) el inicio parecía una simpleza.

<<El señor de Kellynch Hall en Somersetshire, Sir Walter Elliot, era un hombre que no hallaba entretenimiento en la lectura salvo que se tratase de la Crónica de los baronets.>> ¿Qué tipo de frase inicial es esa? Una de lo más irónica, contestaría yo. Después de todo, así empieza una de las mejores novelas de la literatura inglesa del s. XIX, "Persuasión". No hay que fiarse de las apariencias. ¿No te lo dijo tu madre cuando eras pequeño? Pues te lo digo ahora: es una norma básica de supervivencia. Y en cuestión de lecturas, una regla de oro, porque en un libro nada es lo que parece. 

Aquí propondría otro juego: los inicios que te sorprendieron, te atraparon o te repelieron y qué sucedió después... Uy, he tenido que obligarme a parar. Si habéis llegado hasta aquí, habéis demostrado paciencia. Regresaré a mis lecturas, enfriaré mi lengua con el hielo de un té ruso y os dejaré pensar. 

* Notas bibliográficas: 

Por si alguien tiene interés en saber o recordar, los fragmentos iniciales citados pertenecen a las certeras plumas de Angela Carter ("La juguetería mágica"), Paul Auster ("Mr. Vértigo"), Daphne du Maurier ("Rebeca"), Carson McCullers ("El corazón es un cazador solitario"), Liev Tòlstoi ("Anna Karenina"), Ellen Kushner ("A punta de espada") y  Charles Baudelaire (el poema "Recogimiento", en "Las flores del mal").  Ah, y Austen, cómo no. 
Los títulos mencionados en la primera parte son obras de Carson McCullers (las dos primeras), Ferdinand Céline, Marcel Proust, Paul Verlaine, William Faulkner, Graham Greene, Tennesee Williams y Gerald Durrell.
Los libros vilipendiados en los primeros párrafos son absolutamente imaginarios, igual que sus autores (a excepción de Pynchon y Roth, claro está, nombrados sólo para dar mayor verosimilitud al sarcasmo), así que nadie puede demandarme por injurias.
Ah, y como curiosidad, 'Primeras impresiones' es un pequeño homenaje a Jane Austen. ¿Sabéis por qué?

2 comentarios:

  1. Supongo que no me dejo influenciar mucho por las portadas, títulos u otras puertas monumentales porque suelo leer libros a partir de recomendaciones, generalmente recomendaciones de otros escritores. Soy un lector raro, tú sabes.
    Por otro lado los comienzos de los libros son fundamentales. En unas pocas páginas un lector avezado es capaz de formarse una impresión de lo que va a leer, qué duda cabe.
    Y por último, en cuanto a lo de Austen, estaré a la espera de deshacer la intriga...

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  2. Bien... sí, ya sé. A mí me da por deambular entre estanterías, indagar entre los volúmenes y aventurarme por las páginas. A veces acierto y a veces me sacudo con el libro en la cabeza.
    Los comienzos, esas puertas a otros mundos (parafraseando a mi admirada Ursula K. Le Guin).

    Bien, la mención a Austen se debe a que "Primeras impresiones" fue el título inicial de su famosa "Orgullo y prejuicio", descartado en favor de éste.

    Gracias por comentar :-))

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